Benalmádena-Marbella, expedición en bicicleta.


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Son los restos que quedan aún hoy, día 24 de abril de 2011 de esa maravilla de verano… que fue coronado con esta aventura que les voy a contar.

Como ya dije en la “introducción” de esta historia:

Esta es la historia real acontecida entre Benalmadena y Marbella ( Málaga, España ) de una expedición única en bicicleta… hacer un recorrido desde Benalmadena hasta Marbella (Puerto Banus, a 7 km del centro de Marbella), de unos 111 km en bicicleta, (4h ida y 4h vuelta). Una expedición compuesta de 2 personas (Ruisko y Alexander) donde ibamos a sentir sensaciones especiales, una expedición que cambiaría nuestras vidas, y una expedición que más allá de la dificultad (media, pero hay que estar muy fuerte físicamente), era una experiencia única por su belleza y significado en nuestras vidas. Una ratificación del magnífico momento personal por el que estábamos pasando en la misma, y sobre todo, una expedición para sentir libertad… y sentir que tirábamos en por donde queriamos tirar en la vida.

Y también de esa forma, conseguir la culminación a ese gran verano de nuestras vidas, y esa gran satisfacción personal que se siente después de llegar a la meta que te has marcado, difícil de igualar con alguna otra cosa.

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Eso era el resumen de esta historia, de una historia que comenzó un día, en un trastero, en un pequeño lugar de no más de 8 m2, como una remota expedición que “algún” día se podría llevar a cabo… al mirar las distancias nos dimos cuenta que no iba a ser moco de pavo lo que teníamos delante, pero aun así un día intentamos hacer un pequeño “rodeo” y ver como poder ir, ya que el camino que hay es todo autovía, por lo tanto debíamos de tirar por el arcén o en su defecto por los caminos alternativos (que por cierto, después de concluir la aventura, nos dimos cuenta de que existían muchos más caminos alternativos de los que en un principio pensábamos).

Yendo un poco al grano de la historia, es una historia muy personal, que intentaré explicar con muchos detalles para que todo el mundo comprenda más o menos las partes de la misma. Pongámonos en esa mañana, en la mañana de la expedición, ese 16 de agosto, es día “N”, el DÍA.

Salimos muy temprano a eso de las 9 de la mañana estábamos en el trastero cogiendo los armatostes que iban a efectuar el “crimen”. Teníamos que salir bien temprano, ya que con la distancia que había, teníamos que andar con cuidado que en la vuelta no cayera la noche, ya que es un peligro circular con bicicletas cuando se carece de luz solar.

A eso de las 9:30 – 10:00 llegamos a Fuengirola (Los boliches), donde hicimos una obligada parada para reponer aguas, en un pequeño “SuperCor” que hay en la entrada de esta localidad. Para colmo, en ese momento se presentó un problema, bueno… el primer problema, recibí una llamada que por circunstancias personales hacia peligra la expedición. Al fin, por no ser nada de una importancia extrema, decidimos continuar con lo nuestro. Por lo tanto después de comprar el agua, decidimos seguir adelante pues.

Despues de un rato pedaleando (10 minutos), llegamos hasta el final de “Fuengirola”, donde comienza la localidad de “Mijas”.

Ya a los 30 minutos de entrar en “Mijas” después de pasar emplazamientos como “El faro” o “El chaparral”  entramos de lleno en “Mijas-Costa” (La cala de Mijas) donde nos tomamos un respiro, ya que no teníamos que ir por el arcén como en todo el recorrido anterior desde el final de “Fuengirola” hasta el inicio de “La cala de Mijas”, lugar donde había una carretera decente para circular con las bicis.

Continuando con nuestro particular “tour” por Benalmádena Costa, pasamos por lugares como la urbanización de “Riviera del Sol” donde repusimos aguas de nuevo (ya que con el calor debíamos comprar el agua por el camino, si no queríamos que el agua se quedara abrasada por el terrible sol de verano en la Costa del Sol. Por lugares como “Sitio de Calahonda”, donde se encuentra alojado un club de Tennis llamado “Club del sol” lugar del que guardamos un gratísimo recuerdo, ya que la calidad del lugar es impresionante y la amabilidad de sus dueños son insuperables, más concretamente de un señor Holandés con el que daba gusto hablar y disfrutar de las gratas conversaciones que cada vez que frecuentamos el lugar (ya que somos muy aficionados a Tennis) tenemos con él.

Todo esto, sin olvidar claro está el valor sentimental que tenía para nosotros pasar por estos lugares, ese olor a verano, ese olor a “Señores Britanicos” a esas personas exquisitamente educadas que cada verano dan el salto hacia nuestro país, y más concretamente hacia las costas de nuestro país.

Sin tampoco olvidar canciones de Julio Iglesias que te alojan en un mundo lleno de vida, y de disfrute como: “Can´t Help Falling in Love”, o “When I need You”, “When I Fall In Love”, “I Don´t Want To Wake You”, o… las mas especiales “Moonlight Lady” y “Two Lovers”, con ese característico olor a calidad, a buena vida, a yates en Marbella a fiestas pijas, a fiestas blancas… a todo lo relacionado con la alta vida social… a Reserva del Higuerón… a nuestro acogedor apartamento donde nos encontramos con amigos, y disfrutamos de gratísimas conversaciones bajo a la luz de la luna tomando una copa, en ese maravilloso lugar llamado “Costa del Sol”… a todo eso que poseemos, y que queremos y podemos vivir y disfrutar.

Pero volviendo a al tema principal… a las 12 de la mañana, nos encontrábamos reponiendo aguas y comprando comida para poder continuar con la expedición en un “Mercadona” situado en el ya nombrado “Sitio de Calahonda”. 12 de la mañana, las piernas empezando a resentirse, y sin haber hecho ni siquiera la mitad del camino, era lo que teníamos en ese momento, ese pensamiento mezclado con llegar a Marbella… con ver esa mágica entrada, y con esas mágicas fotos que haríamos al llegar.

A las 12.30 continuamos el viaje, al poco rato, medio reto estaba conseguido, entramos en el término municipal de Marbella, claro está… aún a 15 KM de Marbella (Centro). Pasamos por magníficos lugares como “Cabopino” donde hicimos una parada fortuita en “Nikki Beach Marbella” y donde nos dimos un baño en la playa, donde teníamos la ilusión de encontrar a “Feliciano Lopez”, que pasaba sus vacaciones en Marbella.

Terminado este descanso, decidimos continuar esos 15 Km que nos quedaban, 15 aterradores e interminables Km que a eso de las 13.30 superdos 10 Km de esos 15, habiendo ya pasado lugares como “Costabella” o “Las Chapas”, llegamos a un desvío que hay ya muy cerquita de Marbella, a 5 Km de la ciudad, el desvío que da a “Hospital Costa del Sol”, donde subimos una pequeña cuesta y posteriormente la bajamos, con la tremenda alegría que estábamos a 5Km, otros 5 Km muy duros e interminables.

A falta de 3 Km, nos paramos a reponer aguas en un “LIDL” que hay muy cerquita de la entrada a Marbella.

A las 14.15 salimos del “LIDL” y empezamos a pedalear, esos 3 Km, que seguían siendo interminables cada vez eran menos… 2 Km… 1 Km… a las 14.25 dos locos con dos bicicletas en la Nacional 340, atravesaban un túnel que daba entrada y vistas a ese sueño… a eso por lo que habíamos soñado por conseguir, y que tanto habíamos luchado ese día… la entrada de MARBELLA… ese gran arco a la entrada con el nombre de la ciudad… esa preciosidad de arco de entrada… ese arco de entrada que esos dos locos que venían de Benalmádena estaban cruzando… y que habían logrado llegar a ese sueño, a ese gran lugar al que queríamos llegar en bici, fuera como fuese, y costase lo que costase…

El sueño estaba cumplido, pero no del todo, habíamos llegado a Marbella si… a las 14.30. Pero claro, aun quedaba el otro gran sueño, coronar esa cumbre… que era llegar a Puerto Banús, a 7 Km de la entrada de Marbella.

Por lo tanto, después de descansar y comer durante un rato, decidimos, con otra curiosidad de esos dos locos que marchaban en bicicleta, esos dos locos, en la bicicleta, llevaban un GPS instalado, un TOM-TOM para circular en coche, lo llevaban puesto en la ¡bici!, decidimos continuar, hasta llegar a Puerto Banús. Estabamos como dos niños con un juguete nuevo, tirando super fuerte con la bicicleta por el centro de Marbella, atravesando calles abarrotadas de turistas mirando ropa y demás cosas en las tiendas del centro de Marbella.

A las 15.30 llegamos.

Era ese… era ese sueño completado, el sueño de llegar a Marbella y visitar Puerto Banús en bicicleta… éramos las personas más felices del mundo en ese momento… estábamos flotando… estábamos en nuestro sueño más irreal, en ese sueño que cuando te despiertas te deja tocado durante todo el día. Pero no, era real, habíamos llegado a ¡PUERTO BANÚS!… no se podían expresar con palabras aquellos preciosos momentos, simplemente, nos dimos un abrazo.

Estubimos un rato en Puerto Banús, mirando tiendas de alto nivel social, donde no compramos nada por entre otras cosas porque no teníamos sitio para meter más cosas. Más tarde tomamos un café en el “Hard Rock”, compramos una camiseta, la mítica camisera de “Hard Rock” que venden en la propia cafetería de cualquier “Hard Rock” del mundo.

Camiseta de la que por cierto, hay una bonita historia, ya que fueron 25 € aprox. en una inversión que no sirvió para nada, en la llegada al trastero ocurrió un pequeño imprevisto, la camiseta se manchó de grasa y hubo que tirarla, ya que la llevaba puesta para no acumular más peso en la mochila y era la única camiseta no sudada que tenía.

Y bien, la historia podía haber terminado aquí, con ese gran sabor de la victoria, con ese final feliz. Pero de ser así no sería una historia real.

Quedaba sin duda lo peor, quedaba toda la vuelta, quedaba hacer todo lo que habíamos hecho en la ida, ahora de ¡vuelta!, así que tampoco podíamos perder mucho tiempo, eran casi 5 horas entre paradas y todo el tema y eran casi las 16.30 de la tarde por la tanto, según cálculos, íbamos a llegar para las 21:30. O sea, rozando entre la noche y el día… con lo que teníamos dos enemigos, la hora y el cansancio acumulado.

A las 16:30 por tanto, comenzamos la vuelta desde Puerto Banús, que por cierto, sufrimos lo nuestro para salir, ya que el GPS se había quedado sin batería y no sabíamos bien la forma de salir de allí.

Finalmente, por suerte, pudimos coger la carretera que llevaba al centro de Marbella.

Las piernas empezaban a pesar, las barrigas empezaban a pedir un buen asado… o una buena parrillada argentina (que la podemos encontrar en puerto marina), y aun quedaba toda la vuelta… una vuelta epica, que quizás fue por lo que tuvo tanta repercusión ese viaje.

En la vuelta, anécdotas como la llamada incesante de una gran amiga mía que reclamaba mi atención, que también cosas como esas hacían tan grande la expedición. Sin olvidar como ya mencione anteriormente, las canciones de Julio Iglesias que a lo largo de todo el viaje hacían su aparición en nuestra cabeza… que daban ese toque mágico a la ocasión.

Pasados los 7 Km desde Puerto Banús hasta el centro Marbellí, nos hicimos fotos en el arco de entrada, en el ayuntamiento, y en la estatua que hay justo al inicio de Marbella.

17:30, comienza la vuelta desde Marbella (centro).

A las 17.30 comenzamos la vuelta definitiva, la vuelta de nuestras vidas, cansados, hambrientos, y con la gran ilusión de estar acostados echando una siesta o viendo la tele… pero con la alegría por supuesto, de estar haciendo lo que estábamos haciendo.

A las 18.00 íbamos por pasando por “Las Chapas”, por “Elviria”… el sol de la tarde, empezando poco a poco a amainar, Sol, que durante todo el dia fue horroroso, y con el que pudimos tener un mal desenlace, ya que no llevábamos protección solar, y luego por la noche, tuvimos algunos problemas, como dolores de cabeza, incluso, nauseas, debido a la gran exposición al Sol a la que nos sometimos. Que la verdad, aún sigo diciendo, esa parte de la aventura, fue un poco suicida, ya que no llevábamos, ni bebidas isotónicas, ni protectores solares… ni nada de nada… solo con lo puesto… por lo que se puede decir, que en ese apartado íbamos totalmente en “bolas”.

A las 19.30 ya ibamos pasado “Calahonda”, lugar donde quisimos comer ya que a esas horas se acusaba el cansancio y la falta de nutrición, ya que no comíamos desde las 14:00 de la tarde.

La anécdota aquí fue, que al coger el pan para hacerme un bocadillo, tuve la mala suerte de que el pan estaba lleno de arena, ya que se había caído del envoltorio y se encontraba alojado en la mochila, mochila que por nuestra parada en la playa, se había llenado de arena. Por lo que tuve que coger unas barritas, por cierto, unas asquerosas barritas de chocolate, compradas en el “SuperCor” de Fuengirola, de las que aun guardo su envoltorio como un trocito de oro, ya que es algo de gran valor sentimental para mí.

A eso de las 20:40, llegamos a “El faro”, “El chaparral”… y finalmente, llegamos a Fuengirola.

Ahora quedaba todo el paseo marítimo de Fuengirola, y toda la carretera nacional que conecta Fuengirola con Benalmádena. Un rato largo… y más teniendo en cuenta que ese día de agosto, el paseo marítimo estaba abarrotado de coches y de gente, por lo que en el paseo marítimo que tardamos normalmente 20 minutos, tardamos 1 hora… con  lo que se nos hacía de noche, y bien de noche, eran ya 21:40.  Pasado el paseo marítimo de Fuengirola, plagado de olores a los restaurantes… olores que nos ponían malo… cogimos la salida hacia la carretera nacional, en la que sufrimos, pero también disfrutamos… hicimos el recorrido más rápido de lo habitual (nosotros tardamos unos 20-30 minutos en hacer ese recorrido), en esa ocasión tardamos 15 minutos… toda una hazaña, teniendo en cuenta el sufrimiento y el cansancio que llevábamos en las piernas… solo con decir, que en las bajaditas que hay en esa carretera, nos quedábamos dormidos, nos apoyábamos contra la bicicleta y cerrábamos los ojos… la espalda nos dolía a rabiar, y los músculos pedían un descanso. Quizás por eso conseguimos hacer ese recorrido tan rápido… por el simple hecho de quitarnos eso de encima.

Llegados a “Benalmádena-Costa” solo nos quedaba una cuesta hasta llegar al ya mítico trastero donde guardábamos la bicicletas.

Subimos la cuesta, muertos, pero la subimos, más que con las piernas con el corazón, pero… increíblemente, habíamos conseguido VOLVER, estábamos en casa, no estábamos delirando, estábamos en ¡casa!, por fin, después de no pisar aquello desde las 9 de la mañana, aquel pequeño habitáculo, aquella pequeña cosa de 8 metros cuadrados… que nos daba vida, que nos hacía ser libres, de hacer cosas increíbles e impresionantes.

Al llegar… solo nos tiramos en el suelo, como cuando “Rafael Nadal” gana un torneo… solo queríamos estar allí en ese momento, estábamos, ¡estábamos!, nos dimos un abrazo… sobraban las palabras, solo nos fundimos en un abrazo.

A día de hoy, 25 de Abril de 2011, aún recuerdo aquel abrazo, aquella llegada, y se me pone la piel de gallina. Todas esas sensaciones de verano, esa sensaciones… únicas… únicas…

Todo se resume en eso, aquel abrazo, aquel emotivo abrazo, en aquella, aquella emotiva llegada.

Un saludo, Ruisko.

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